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jueves, 27 de marzo de 2014

LA CIUDAD DE LOS OJOS GRISES, DE FÉLIX G. MODROÑO


Título: La ciudad de los ojos grises
Subtítulo: Una historia de trenes perdidos en la Belle Époque
Autor: Félix G. Modroño
Editorial: Algaida
Nº de páginas: 400
Publicación: Abril 2012 (2ª edición)

SINOPSIS:

Tras varios años viviendo en París, Alfredo Gastiasoro regresa a Bilbao cuando se entera de que Izarbe ha muerto. Su retorno pretende ser el último homenaje a la mujer que amó, pero pronto se convertirá en una pesquisa sobre las inquietantes circunstancias que rodearon su muerte. 
Alfredo tendrá que enfrentarse a su propio pasado, reviviendo una historia de amor que coincide con la época en que Bilbao pasa de ser una población casi rural a convertirse en una de las ciudades más prósperas del Viejo Continente. 
Magníficamente ambientada en los primeros años del siglo XX, y a medio camino entre novela negra, el género histórico, el relato sentimental y hasta el de viajes, La ciudad de los ojos grises es, sobre todo, una bella historia de suspense y nostalgia, de amor por una mujer y una ciudad.

Esta reseña es fruto de una crítica negativa; llevaba mucho tiempo en mi lista de pendientes por todos los comentarios que había leído recomendando su lectura, sin embargo, ha sido una publicación del autor en su muro de facebook lo que me animó a leerla de una vez. Estoy acostumbrada a ver en las redes sociales como los escritores se publicitan haciendo referencia "solo" a reseñas entusiastas, así que me llamó la atención el comentario de Félix G. Modroño: "No siempre llueve a gusto de todos". Con toda la naturalidad del mundo fue capaz de colgar el enlace a una reseña sobre uno de sus libros con la que el lector no había quedado nada convencido sin tener que atacarlo por no gustarle su obra y, lo que es más importante, dándole el mismo valor que a una reseña positiva. 

Esto demuestra que las reseñas negativas no tienen por qué hacer daño a un escritor, debe ser el lector, con criterio propio, quien decida si la novela le gusta o no. Aunque no es menos cierto que son muchísimas más las reseñas positivas que he leído, si no hubiera tenido ningún tipo de información tal vez sí me hubiera condicionado. Al final lo que cuenta es que por fin le he hecho un hueco y que coincido con la mayoría, por algo ya se han publicado 4 ediciones de la novela.

Este libro tenía varias papeletas para que no me gustara: no suelo leer novela histórica y tampoco me gusta que la narración predomine sobre el diálogo, sin embargo, ha sido una grata sorpresa. Al igual que le ocurre al protagonista en un determinado momento, no tenía la sensación de estar leyendo sino que era una tercera persona la que me estaba contando la historia. Félix escribe de una manera que sus palabras se precipitan sin apenas darte cuenta, sin que el lector tenga oportunidad de aburrirse en ningún momento, sobre todo, en lo referente a la transformación de Bilbao. Si para quien no conoce esa ciudad ha sido toda una delicia, me imagino que quien sí la ha visitado habrá disfrutado doblemente reconociendo los lugares en los que transcurre la historia.

También me ha gustado cómo ha sabido introducir en la novela a distintos personajes históricos: Picasso, Unamuno, Mata Hari, Indalecio Prieto y otros menos conocidos por mí. En mi época (y creo que ahora también) tenía más peso la historia local que la nacional, y no es que esté mal saber de nuestros antepasados, pero también es necesario saber lo que ocurrió en otras regiones de España. En esta novela se relatan varios acontecimientos de carácter político que tuvieron lugar en Bilbao a principios del siglo XX y, como diría mi amigo Paco, siempre alrededor de una buena mesa.

El profesor pudo distinguir a don Severo, al político Indalecio Prieto con su escolta a a Félix Unamuno, a quien le sentaba fatal que le preguntaran por su hermano Miguel, hasta el punto de llevar prendido un cartel en su chaqueta que rezaba: No me hable usted de mi hermano.

Alfredo regresa a Bilbao al enterarse de la muerte de la mujer a la que ha amado toda su vida. Junto a su amigo Fernando, comisario de policía, intentará descubrir si fue asesinada y por quién. A través de los recuerdos sabremos cómo se conocieron y se tuvieron que separar. El por qué de la separación no lo conoceremos hasta el final de la novela aunque el autor nos da los datos suficientes como para que lo sospechemos. Esto no le resta intriga a la novela puesto que lo verdaderamente interesante es conocer la identidad del asesino y aquí también se luce el autor. Al cerrar el libro tienes claro lo que ha pasado pero eso no evita que lo quieras comentar con otros que lo han leído para comprobar que tu impresión es la correcta.

Si bien nos encontramos con una novela histórica en la que hay un misterio por resolver, la sensación que te queda cuando terminas el libro es que has sido testigo de una historia de amor preciosa porque, al fin y al cabo:
Alfredo amó a Izarbe.

Esta reseña forma parte del Reto Novela Histórica y del Reto Autores Eternamente Pendientes.