Mostrando entradas con la etiqueta JONAS JONASSON. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta JONAS JONASSON. Mostrar todas las entradas

lunes, 4 de enero de 2016

RESEÑAS LEJANAS (2)


Antes de que siga avanzando el año quisiera hacer un pequeño combinado de comentarios de libros que leí en 2015 y que, por una cosa o por otra, se quedaron sin reseñar. En su mayoría son libros de humor, con los que me lo he pasado muy bien y espero seguir haciéndolo en el futuro.

La analfabeta que era un genio de los números, de Jonas Jonasson Marzo 2014 (3ª edición). Me lo pasé tan bien con el libro de El abuelo que saltó por la ventana y se largó que, cuando supe que el autor había publicado un nuevo libro, no dudé en comprarlo. A pesar de que me he reído y me ha entretenido, el otro personaje tenía tanto carisma que la joven Nombeko no ha conseguido estar a la misma altura. El patrón que sigue es el mismo que el anterior: una protagonista que, a través del uso de la lógica, se ve envuelta en situaciones absolutamente disparatadas, a la vez que se hace un recorrido por la historia reciente; si bien es verdad que al estar limitado en esta ocasión a Suecia y Sudáfrica nos resulta un poco menos conocida. 




El proyecto esposa, de Graeme Simsion (2013). A menudo tiendo a pensar que los blogs no tenemos tanta influencia como nos atribuyen, pero no es menos cierto que este libro lo compré por las buenas reseñas que leí de él. Tal vez por eso tenía unas expectativas muy altas que al final no se cumplieron, me reí en más de una ocasión (sobre todo, con la noche de los cócteles) y me lo pasé muy bien leyéndolo, aun así, no me gustó tanto como para querer buscar la continuación, si llega la leeré pero no es un libro prioritario. El protagonista tiene el síndrome de Asperger y eso es lo que lo hace especial. Su peculiar modo de ver la vida es lo que le da un toque de originalidad a esta comedia romántica, escrita originalmente como guión, así que no me extrañaría que finalmente terminen llevándola al cine.



Loca por las compras en Manhattan, de Sophie Kinsella (2004).  Este es el segundo libro de la serie Loca por las compras y creo que solo es recomendable para quien disfrutó con el primero puesto que nos vamos a encontrar con más de lo mismo. En cambio, los amantes del chick lit como yo podrán divertirse con las cartas del banco que recibe Becky al pasar el saldo de su tarjeta o con las escenas disparatadas en las que se ve envuelta. El inconveniente que le encuentro es que, tratándose de una comedia romántica, el novio casi siempre está ausente. Veremos cómo se resuelve esta papeleta en la siguiente novela que toca preparar la boda y que, si todo sale bien, podré leer a lo largo de este año.




¿Para qué sirve un cuñao?, de Arturo González-Campos y Sergio Fernández "El monaguillo" (2013). Siempre que leo un libro que me gusta, como fue el caso de ¡Viva la madre que me parió!, procuro darle una nueva oportunidad al autor (en este caso, autores) y comprar un libro suyo, aunque sea en formato de bolsillo. Recuerdo que lo leí en un momento de convalecencia y tal vez por eso no me reí tanto como con el anterior, aunque también influyó que muchas de las cosas que ya había leído en aquel libro aparecen en este porque, a pesar de que el título se centra en el cuñado, se hace un repaso por toda la familia y la madre tiene un papel predominante, con lo que llega a ser repetitivo. Aun así, para quien no haya leído ninguno de los dos se lo recomiendo para pasar un rato entretenido.




La tuneladora, de Fernando Lalana ( 2014, 12ª edición). Cada vez que me proponen un intercambio intento aceptarlo (aunque no siempre se consigue) por eso me aventuré a leer esta novela juvenil, a pesar de que no es un género que suelo leer, pero me intrigaron la sinopsis y el número de ediciones publicadas. El balance ha sido positivo, es una novela corta que se lee muy rápido en la que el autor consigue crear una buena historia detectivesca que comienza con un toque de humor y termina acercándose al terror.





Delicias y secretos en Manhattan, de Olivia Ardey (2014). Llevaba mucho tiempo queriendo estrenarme con esta autora pero he querido hacerlo con este libro que es del que mejores críticas he leído. La verdad es que también me atraía que estuviera ambientada en un hotel y la cocina tuviera un papel predominante, aunque finalmente ha sido una mala interpretación de la sinopsis, puesto que no es tan influyente como yo pensaba. El estilo que usa Olivia Ardey me ha gustado mucho, es de esas lecturas que te van envolviendo poco a poco pero sin llegar a ser empalagosas. En esta ocasión la historia romántica no se limita a la pareja protagonista, sino que hay una secundaria y otras con menor peso. La única pega que le pondría es que la actitud de la protagonista no me parece la propia de una mujer de 1919.


La última noche en Tremore Beach, de Mikel Santiago (2014). Este es uno de esos libros que me apetecía leer por las buenas críticas que ha cosechado. El problema es que pones el listón muy alto y luego no se cumple lo que esperas. Yo le diría a quien no la haya leído que estamos ante una buena novela con la que se puede pasar un rato muy entretenido pero no es un novelón. A este autor lo comparan con Stephen King, del que no he leído nada porque asociaba con novelas de terror. Mikel Santiago consigue transmitir el terror psicológico casi de forma visual, cinematográfica. La portada del libro es una de las mejores que he visto, resume perfectamente lo que acontece en la novela. 


lunes, 24 de junio de 2013

EL ABUELO QUE SALTÓ POR LA VENTANA Y SE LARGÓ, DE JONAS JONASSON

Título: El abuelo que saltó por la ventana y se largó
Autor: Jonas Jonasson
Editorial: Salamandra
Nº de páginas: 413
Publicación: Febrero 2012


SINOPSIS:

Momentos antes de que empiece la pomposa celebración de su centésimo cumpleaños, Allan Karlsson decide que nada de eso va con él. Vestido con su mejor traje y unas pantuflas, se encarama a una ventana y se fuga de la residencia de ancianos en la que vive, dejando plantados al alcalde y a la prensa local. Sin saber adónde ir, se encamina a la estación de autobuses, el único sitio donde es posible pasar desapercibido. Allí, mientras espera la llegada del primer autobús, un joven le pide que vigile su maleta, con la mala fortuna de que el autobús llega antes de que el joven regrese y Allan, sin pensarlo dos veces, se sube con la maleta, ignorante de que en el interior de ésta se apilan, ¡santo cielo!, millones de coronas de dudosa procedencia. Pero Allan Karlsson no es un abuelo fácil de amilanar. A lo largo de su centenaria vida ha tenido un montón de experiencias de lo más singulares: desde inverosímiles encuentros con personajes como Franco, Stalin o Churchill, hasta amistades comprometedoras como la esposa de Mao, pasando por actividades de alto riesgo como ser agente de la CIA o ayudar a Oppenheimer a crear la bomba atómica. Sin embargo, esta vez, en su enésima aventura, cuando creía que con su jubilación había llegado la tranquilidad, está a punto de poner todo el país patas arriba.

Cada vez que me enfrento a un libro del que he oído hablar tan bien, lo hago con miedo. Y es que debo ser algo rara, porque normalmente no suelo opinar lo mismo que la mayoría. Afortunadamente, en esta ocasión no ha habido ninguna decepción y puedo decir que es justa la fama que precede a este libro. Tal vez haya influido que no hayan sido muchas las reseñas que he leído, más bien, lo que me ha atrapado es verlo semana tras semana en la lista de más vendidos. Mientras paseaba por la feria del libro, me paré a mirar el número de ediciones que llevaba, y me encontré con dos, la 14ª y la 16ª. En menos de año y medio creo que se puede considerar todo un éxito.

La novela comienza el día que Alan cumple 100 años y decide abandonar la residencia en la que vive, donde todo el mundo lo espera para celebrar este aniversario centenario. En su huida a ninguna parte se cruza con un joven que le pide vigilar su maleta mientras va al baño, pero en ese momento llega el autobús y el abuelo se monta con una maleta llena de dinero.

Mientras él sigue su camino, la policía lo está buscando porque lo cree desaparecido, a la vez que la banda propietaria de la maleta. Lo curioso es que, a la vez que se va reduciendo el grupo que persigue a Allan, va aumentando la gente que se une al abuelo en su "paseo".

Paralelamente a la historia actual, se intercalan capítulos en los que se nos cuenta cómo ha sido la vida de Allan durante estos 100 años. Todo ello, desde un punto de vista muy original, pues ha estado presente en varios de los grandes acontecimientos de la historia y ha conocido a infinidad de dirigentes mundiales, eso sí, sin posicionarse en ningún bando, y es que Karlsson no quiere saber nada de política ni de religión. Él solo quiere estar tranquilo, a poder ser, con un vasito de aguardiente.

El lenguaje irónico está presente en todo el libro y hace que sea una lectura muy entretenida. Llega un momento que empieza a decaer, sobre todo la parte histórica, pero cuando el grupo tiene que dar su versión de lo ocurrido nos encontramos con la parte más delirante de todo la novela.

- ¿Usted cruzó el Himalaya? ¿Con cien años?
- No, no sea bobo. Como podrá comprender su señoría, no siempre he tenido cien años. De hecho, es algo muy reciente. Aunque, que duda cabe, todos crecemos y nos hacemos mayores.

Cuando terminas el libro te cuestionas el hecho de estar escrito por un sueco, por lo menos yo, tenía la idea (o el prejuicio) de que son personas frías. Sin embargo, tiene un toque español, puesto que en los años 30, en vez de optar por Hitler, aparece Franco. Además hay otras pequeñas alusiones, como Camilo José Cela o Las Palmas de Gran Canaria. Todo esto me hace pensar que el autor acostumbra a pasar temporadas por aquí, y algo se le habrá pegado. No son más que divagaciones mías, tal vez producto de la locura, pero no le encuentro otra explicación, ya que no creo que sea cuestión de traducción.

Me quedo con ese final tan agradable, pero "sólo por mantener el equilibrio".

Este libro es como la thermomix, se vende sólo con el boca a boca, no es necesario la publicidad. Termino esta reseña deseando que Allan Karlsson viva muchos años más, y que nosotros lo veamos.