Título original: The Color of Tea
Autora: Hannah Tunnicliffe
Traducción: Irene Saslavsky
Editorial: Ediciones B
Sello: Vergara
Nº de páginas: 352
Publicación: Octubre 2013
SINOPSIS:
Después de trasladarse con su marido a la minúscula y ajetreada isla de Macao, Grace Miller se siente una extraña en un país extranjero: una alta y solitaria pelirroja que destaca entre la multitud de las agitadas calles chinas. Grace, que tras recibir la devastadora noticia de su infertilidad ve que tanto su matrimonio como sus sueños de crear una familia empiezan a caer en pedazos, decide hacer algo audaz y recurre a lo que más le gusta: preparar pastas y disfrutar del placer del té.
Grace inaugura una cafetería donde sirve té, café y macarons, las deliciosas galletas francesas del color de las piedras preciosas. Allí, rodeada de otras expatriadas y lugareñas, logra crear una nueva definición de lo que supone un hogar y una familia. Pero cuando unos secretos que creía enterrados hace tiempo salen a la superficie, Grace se da cuenta de que es ahora o nunca, que ha llegado el momento de inhumar viejos fantasmas y empezar a confiar en sí misma...
Este libro lo leí ya hace un tiempo, pero he pasado por una época en la que no me apetecía reseñar sino seguir leyendo, hasta que me he impuesto un castigo: no voy a empezar otra lectura hasta que no termine las reseñas pendientes, por lo menos esta.
Cuando leí la sinopsis me llamaron la atención varios aspectos: la repostería, el mundo oriental y la relación de amistad entre un grupo de mujeres. Con estos ingredientes el éxito estaba prácticamente asegurado, poco tenía que hacer la autora para contentarme, aun así, ha conseguido sorprenderme.
El aspecto culinario solo está presente en los títulos de los capítulos, que aparecen en francés, haciéndole un pequeño guiño a los macarons.
No sé si es por el hecho de ser una historia contemporánea pero la parte de la cultura oriental no está tan presente, en cambio, la autora ha optado por exponer otras temas que son habituales en esta zona del mundo, aunque sin profundizar en ello. Esto no es un aspecto negativo, creo que ha querido darle más importancia a los sentimientos, las personas son las protagonistas. Pese a todo, muestra la solidaridad del pueblo a la hora de ayudar a los demás después de sufrir un tifón o la existencia de la explotación doméstica laboral. Casualmente, cuando lo leía salió la noticia de tres mujeres secuestradas y que habían sido tratadas como esclavas durante 30 años por un matrimonio de Londres (aparentemente en el mundo "civilizado"). Nuevamente la realidad supera a la ficción.
El tema de la amistad es muy recurrente pero, cuando algo tiene éxito, por qué cambiarlo. En la cafetería se terminan juntando un grupo de 5 mujeres totalmente distintas, sin apenas nexos de unión (salvo los macarons), pero que establecen unos lazos de estrecha amistad, apoyándose unas a otras en los momentos de dificultad. Mi favorita es Yok Lan, la anciana del grupo, que, sin hablar el mismo idioma, es capaz de "comunicarse" con el resto con una simple sonrisa o dando apoyo cuando hace falta. Me ha traído al recuerdo a una querida amiga que era capaz de hablar con franceses, ingleses o alemanes sin tener ni idea de idiomas, pero te puedo asegurar que ella mantenía conversaciones solo con hablar despacio y gesticulando con sus manos.
Depresión, entusiasmo, ilusión, decepción, engaño y aceptación son algunos de los estados de ánimo por los que pasa la protagonista a lo largo de la novela. Lo mejor de todo es que la autora consigue transmitir esas sensaciones en el lector. Al principio, la historia se hace un poco pesada debido a la depresión que sufre la protagonista, manifestada por el encierro que se inflige tanto en el hogar como a nivel comunicativo. Una vez que encuentra la motivación para salir, la lectura también es mucho más fluida.
En mi opinión, el sexo en la literatura debe ser como los desnudos en el cine, solo si los exige el guión. Hay una escena que quiero resaltar porque no tiene nada de deseo o pasión, sino que consigue trasmitir el dolor y la impotencia que siente la pareja al enterarse de que no pueden concebir un hijo. Sin hablar entre ellos, en un intento de demostrar que todavía lo pueden conseguir, lo único que logran es liberar una rabia que los separa.
Querida mamá:
¿Dos personas pueden formar una familia? ¿Son suficientes?
Supongo que nosotras la formábamos, ¿verdad? Tú y yo. Éramos más que una pareja.
Creo que es hora de que Pete y yo también lo logremos de esa manera.
Tu hija que te quiere,
Al principio de la novela Grace va a ver a una adivina y tiene a la sobrina de ésta como traductora, pero hay una parte de la conversación que no conocemos porque empieza una discusión con su tía. Solo al final del libro le encontraremos el sentido a esa parte del diálogo.
Una lectura que va de menos a más en la que el lector tendrá la sensación de estar ante una montaña rusa de emociones, ideal para los que disfruten con las novelas de sentimientos.
Grace inaugura una cafetería donde sirve té, café y macarons, las deliciosas galletas francesas del color de las piedras preciosas. Allí, rodeada de otras expatriadas y lugareñas, logra crear una nueva definición de lo que supone un hogar y una familia. Pero cuando unos secretos que creía enterrados hace tiempo salen a la superficie, Grace se da cuenta de que es ahora o nunca, que ha llegado el momento de inhumar viejos fantasmas y empezar a confiar en sí misma...
Este libro lo leí ya hace un tiempo, pero he pasado por una época en la que no me apetecía reseñar sino seguir leyendo, hasta que me he impuesto un castigo: no voy a empezar otra lectura hasta que no termine las reseñas pendientes, por lo menos esta.
Cuando leí la sinopsis me llamaron la atención varios aspectos: la repostería, el mundo oriental y la relación de amistad entre un grupo de mujeres. Con estos ingredientes el éxito estaba prácticamente asegurado, poco tenía que hacer la autora para contentarme, aun así, ha conseguido sorprenderme.
El aspecto culinario solo está presente en los títulos de los capítulos, que aparecen en francés, haciéndole un pequeño guiño a los macarons.
No sé si es por el hecho de ser una historia contemporánea pero la parte de la cultura oriental no está tan presente, en cambio, la autora ha optado por exponer otras temas que son habituales en esta zona del mundo, aunque sin profundizar en ello. Esto no es un aspecto negativo, creo que ha querido darle más importancia a los sentimientos, las personas son las protagonistas. Pese a todo, muestra la solidaridad del pueblo a la hora de ayudar a los demás después de sufrir un tifón o la existencia de la explotación doméstica laboral. Casualmente, cuando lo leía salió la noticia de tres mujeres secuestradas y que habían sido tratadas como esclavas durante 30 años por un matrimonio de Londres (aparentemente en el mundo "civilizado"). Nuevamente la realidad supera a la ficción.
El tema de la amistad es muy recurrente pero, cuando algo tiene éxito, por qué cambiarlo. En la cafetería se terminan juntando un grupo de 5 mujeres totalmente distintas, sin apenas nexos de unión (salvo los macarons), pero que establecen unos lazos de estrecha amistad, apoyándose unas a otras en los momentos de dificultad. Mi favorita es Yok Lan, la anciana del grupo, que, sin hablar el mismo idioma, es capaz de "comunicarse" con el resto con una simple sonrisa o dando apoyo cuando hace falta. Me ha traído al recuerdo a una querida amiga que era capaz de hablar con franceses, ingleses o alemanes sin tener ni idea de idiomas, pero te puedo asegurar que ella mantenía conversaciones solo con hablar despacio y gesticulando con sus manos.
Depresión, entusiasmo, ilusión, decepción, engaño y aceptación son algunos de los estados de ánimo por los que pasa la protagonista a lo largo de la novela. Lo mejor de todo es que la autora consigue transmitir esas sensaciones en el lector. Al principio, la historia se hace un poco pesada debido a la depresión que sufre la protagonista, manifestada por el encierro que se inflige tanto en el hogar como a nivel comunicativo. Una vez que encuentra la motivación para salir, la lectura también es mucho más fluida.
Así que no ha sido nada espectacular. No ha habido cien clientes ansiosos haciendo cola para entrar. Estoy cansada, pero satisfecha, y siento algo que hacía tiempo que no sentía. Creo que lo llaman optimismo.
En mi opinión, el sexo en la literatura debe ser como los desnudos en el cine, solo si los exige el guión. Hay una escena que quiero resaltar porque no tiene nada de deseo o pasión, sino que consigue trasmitir el dolor y la impotencia que siente la pareja al enterarse de que no pueden concebir un hijo. Sin hablar entre ellos, en un intento de demostrar que todavía lo pueden conseguir, lo único que logran es liberar una rabia que los separa.
Querida mamá:
¿Dos personas pueden formar una familia? ¿Son suficientes?
Supongo que nosotras la formábamos, ¿verdad? Tú y yo. Éramos más que una pareja.
Creo que es hora de que Pete y yo también lo logremos de esa manera.
Tu hija que te quiere,
GRACE
Al principio de la novela Grace va a ver a una adivina y tiene a la sobrina de ésta como traductora, pero hay una parte de la conversación que no conocemos porque empieza una discusión con su tía. Solo al final del libro le encontraremos el sentido a esa parte del diálogo.
El distanciamiento entre Pete y yo no solo fue culpa de él: es una ecuación que incluye a dos personas. Tengo la sensación de que por fin comprendo lo que es el amor familiar: enredado, herido y maravilloso. Imperfecto. Un amor para siempre. Me siento extrañamente ligera, como los pequeños macarons cuando se hinchan en el horno.
Una lectura que va de menos a más en la que el lector tendrá la sensación de estar ante una montaña rusa de emociones, ideal para los que disfruten con las novelas de sentimientos.
Gracias a Ediciones B por el ejemplar